Moho y Micotoxinas: La Amenaza Invisible Dentro de Casa
- Dr. Alberto Augsten

- 29 may
- 2 min de lectura

Cuando pensamos en exposiciones tóxicas peligrosas, rara vez imaginamos que el mayor riesgo podría estar creciendo silenciosamente detrás de la pared del baño o en el sótano húmedo. Sin embargo, el moho doméstico y las micotoxinas que produce constituyen una de las áreas más activas de investigación toxicológica actual, especialmente tras el aumento de problemas de humedad relacionados con el cambio climático y la construcción moderna hermética.
Los hongos como Stachybotrys chartarum (el famoso "moho negro"), Aspergillus, Penicillium y Fusarium pueden proliferar en cualquier superficie con humedad sostenida superior al 60%. No es el moho en sí lo que enferma directamente, sino sus esporas y, sobre todo, las micotoxinas: metabolitos secundarios altamente bioactivos que pueden inhalarse, ingerirse o absorberse por la piel.
Los efectos toxicológicos asociados a la exposición crónica son variados: síntomas respiratorios persistentes como tos, sibilancias y asma de inicio adulto; síntomas neurológicos como dolores de cabeza, fatiga crónica, dificultades de concentración (a veces llamados "brain fog"); reacciones alérgicas y dermatitis; y, en casos severos, inmunosupresión. El Síndrome de Respuesta Inflamatoria Crónica (CIRS) asociado a biotoxinas es un cuadro emergente que está captando la atención de la comunidad médica.
Las poblaciones vulnerables incluyen niños, ancianos, personas inmunocomprometidas y aquellas con predisposición genética (variantes HLA específicas) que les impiden eliminar eficientemente las micotoxinas. El diagnóstico requiere inspección profesional de la vivienda, pruebas ambientales (ERMI, HERTSMI-2) y, en ocasiones, análisis de orina para detectar micotoxinas.
La prevención sigue siendo la mejor estrategia: controlar las fugas de agua rápidamente, mantener la humedad relativa entre 30-50%, ventilar baños y cocinas adecuadamente, y actuar de inmediato ante cualquier signo de moho visible. En un mundo donde pasamos más del 90% del tiempo en interiores, la calidad del aire del hogar es una variable toxicológica que no podemos ignorar.




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